jueves, 27 de octubre de 2016

DE PORQUÉ ODIAN A LA CRUZ DE BORGOÑA

En la sesión de investidura a la presidencia del gobierno, al tomar Pablo Iglesias la palabra, se ha despachado a gusto contra la Cruz de Borgoña, a la que parece culpabilizar de todos los males. ¿A santo de qué se produce ese ataque innecesario, gratuíto y que no venía a cuento en un debate como ese? Sencillamente al odio ya secular que tiene la progresía en general y el marxismo que este personaje encarna en particular. ¿Porque? A mi juicio por tres cuestiones que explicaré brevemente: 

En primer lugar por el carácter cristiano de dicha Cruz. La cruz de Borgoña o Cruz de San Andrés es el modo conque el cristianismo simbolizó la muerte de S. Andrés, En efecto, S. Andrés murió crucificado en forma de aspa tal y como refleja la Cruz en el año 95 después de J.C .

En segundo lugar por ser la Cruz de Borgoña el símbolo representativo de la España cristiana, imperial, la España grande, heroica, misionera y tradicional, enseña que significó nuestra identidad durante más de 300 años. San Andrés sería adoptado por el Ducado de Borgoña como patrón de la Casa Ducal. Con la llegada de la Casa de Austria a España llegaría la herencia borgoñona trayendo consigo su emblema, formado por dos troncos de árbol cortados provistas de nudos. Desde entonces pasaría a ser el emblema del imperio español, que igual se enarboló en los gloriosos Tercios españoles que en América.

Y por último porque es la enseña que adoptó en España el tradicionalismo político encarnado en el Carlismo monárquico legitimista, desde al menos el 24 de abril de 1935, como insignia oficial del requeté, aunque en algunas ocasiones anteriores fuera enarbolada en algunos actos políticos. De ahí que Iglesias aludiera a los gudaris vascos, porque sabe y es consciente de que los carlistas, con la Cruz de Borgoña al frente, lucharon por Dios y por España frente al separatismo de los gudaris vascos .

Es por tanto evidente que por estas cuestiones la Cruz de Borgoña da urticaria, porque aún se recuerda en ambientes en el que pervive el sentimiento guerracivilista la acción heroica y martirial de los valientes requetés en el campo de batalla. No en vano aún pervive la frase de Indalecio Prieto, "no hay nada más peligroso que un requeté recién comulgado". A pesar de ser en la actualidad el carlismo una fuerza política minoritaria aún se le odia y, yo diría más, se le teme. Se teme su carácter irreductible, intransigente, valiente, patriótico y limpio. Se teme que, como ocurrió otras veces en la historia, como el Ave Fénix vuelva a resurgir, y para ello hay que evitar que levante cabeza, a costa de mentir, difamar, calumniar, o lo que necesario fuera. A menudo se dice que es bueno que se hable de uno, aunque sea mal. Pues bien, gracias señor Iglesias por hablar de nosotros, quizá no se haya dado cuenta de que nos ha hecho un favor, haciéndonos propaganda gratuíta.

martes, 11 de octubre de 2016

UN NUEVO 12 DE OCTUBRE

Los españoles de bien nos disponemos a conmemorar, una vez más, la gloriosa fecha del 12 de Octubre, como recordatorio de la gesta sin igual que supuso el descubrimiento, conquista y evangelización de un Nuevo Mundo llamado desde entonces América. Pero nos quedaríamos muy cortos si pensamos únicamente en ese hecho. Lo que se celebra es mucho más, es el día de la Hispanidad. Pero, ¿Qué es la Hispanidad?

Haciendo un recorrido rápido del origen del vocablo Hispanidad, como nos recuerda Mons. Zacarías de Vizcarra (el primero en utilizar el concepto en su sentido moderno): "Basta hojear los viejos diccionarios castellanos para encontrar en ellos esta palabra, aunque con diversa significación de la que ha recibido actualmente y con la esquela mortuoria de «anticuada». Así, por ejemplo, la quinta edición del Diccionario de la Academia, publicada en 1817, dice así: «Hispanidad, s. f., ant. Lo mismo que Hispanismo.» Y a continuación define así esta otra palabra: «Hispanismo, s. m. Modo de hablar peculiar de la lengua española, que se aparta de las reglas comunes de la Gramática. Idiotismus hispanicus. Tan antigua es esta palabra en su sonido material, que la encontramos en el Tractado de Ortographia y accentos del bachiller Alexo Vanegas, impreso en Toledo, sin paginación, el año 1531 y conservado como preciosidad bibliográfica en la Biblioteca de la Real Academia de la Lengua. «De los oradores –dice Vanegas– M. Tull. y Quinti. son caudillos de la elocuencia, aunque no les faltó un Pollio que hallase hispanidad en Quintiliano», &c. (segunda parte, cap. V). Más aún: es probable que los romanos del siglo primero después de Cristo empleasen la palabra «hispanitas» (hispanidad) para designar los giros hispánicos del latín de Quintiliano, en el mismo sentido que el propio Quintiliano usa la palabra «patavinitas» (paduanidad) al hablar del latín, de Tito Livio. «Pollio –dice– deprehendit in Livio patavinitatem», es decir: «Polión encontró patavinidad (paduanidad) en Livio.» (De Institutione Oratoria, libro I, cap. V). Pero date o no date del siglo primero la materialidad de la palabra «Hispanidad» lo cierto es que no tenía la significación que luego se le ha dado, y era además inusitada hasta en su acepción gramatical".

Hispanidad, en su sentido moderno, acuñado primeramente por el propio Zacarías de Vizcarra y continuado felizmente por intelectuales de la talla de Ramiro de Maeztu (en su imprescindible libro "Defensa de la Hispanidad") o Manuel García Morente (en su ensayo "Idea de la Hispanidad"), acude a conceptos ya utilizados previamente, como Cristiandad para definir a las pueblos cristianos o humanidad para englobar a todo el género humano. Así pues, Hispanidad sería el conjunto de pueblos hispánicos que tienen una religión, una lengua, una tradición y una cultura comunes, diseminados por Europa, América, África y el Oriente. Es por lo tanto una familia de naciones hermanas en la que no se tiene en cuenta la sangre, ni el color ni la raza de sus miembros. 

No es por consiguiente lo que se celebra la "fiesta nacional de España", como ahora se dice, es mucho más, es la fiesta de todos los pueblos o naciones hispánicas en hermandad. Por eso se queda corto celebrar únicamente el descubrimiento (por importante que fuera, que lo fué), aunque nos vale como punto de partida y principio de lo que finalmente acabaría siendo.

Y frente a esto, ¿Con qué nos encontramos? Hemos pasado de tener un Instituto de Cultura Hispánica (que funcionaba prácticamente como un ministerio) a no tener en absoluto política alguna de estado tendente al mundo hispánico; de ser una fiesta cuasi universal a recluírla en nuestros estrechos márgenes geográficos (y mentales) de fiesta "nacional"; de estar orgullosos de nuestra impronta histórica a autodenigrarnos y llegar a llamar a la sin par hazaña del Descubrimiento "genocidio"; de sentir que formamos parte de la hermandad hispánica a utilizar vocablos y conceptos antihispánicos como "América latina" o "latinoamericano" y, lo que es ya el colmo, prohibir en algunas localidades de España controladas por los enemigos de España (y por tanto de la Hispanidad) que se celebre el 12 de octubre. 

Por eso, más que nunca, en toda España pero sobre todo en ambientes antihispánicos como Cataluña es obligado y necesario celebrar con alegría pero también con contundencia la fiesta de todos los españoles de ambos hemisferios como acto de afirmación nacional y de hermanamiento de todos los pueblos hispánicos. No podemos dejarnos arrebatar nuestro orgullo de españoles y de hispánicos. Es hora de poner pie en pared y volver a sentirse públicamente orgullosos de nuestra historia. Aunque oficialmente no nos apoyen, da igual, el sano y noble pueblo español no necesita de estas caducas y traidoras instituciones que dicen falsamente que nos representan.

Y por supuesto, no nos olvidamos, es el día de la Virgen del Pilar, patrona de España y de la Guardia Civil, que tantos servicios ha prestado a España. Recémosla con fervor porque falta nos hace. 

¡¡ARRIBA LOS VALORES HISPÁNICOS!!
¡¡VIVA LA HISPANIDAD!!
¡¡VIVA ESPAÑA!!
¡¡VIVA LA VIRGEN DEL PILAR!!

domingo, 10 de abril de 2016

SOBRE FUEROS Y LENGUAS VERNÁCULAS

Es este tema de los fueros un tanto polémico, puesto que pocos lo conocen, y tiene muy mala prensa por considerarlo algunos arcaico y otros fuente de separatismo. Producto de la poca o nula información que se tiene al respecto, otros lo relacionan únicamente con "privilegios". Ya Frederick Wilhelmsen señaló en su libro "Así pensamos" la distinción entre fuero y privilegio: “A veces se confunde un fuero con un privilegio y la confusión es fácil de entender. Lo que era un privilegio otorgado por un rey a un pueblo, gremio o aldea en un momento histórico, muy a menudo solía considerarse como un fuero por la entidad jurídica que la había recibido y por los descendientes del rey que lo había dado. Pero fuero, entendido técnicamente, no es ningún privilegio. Un fuero se establece a través del tiempo. Un fuero nunca es un artefacto fabricado en un momento. Todos los fueros son derechos y libertades concretas.  (…) Un fuero es la concreción de un derecho, los pies que hacen que los derechos anden. Los fueros son la encuadernación jurídica de los derechos. Para ejercer el derecho de casarse, hace falta una comunidad que posibilite que los hombres y las mujeres se conozcan. A fin de que un hombre con un oficio o profesión lo ejerza, es menester que su trabajo se enfoque dentro de una estructura jurídica que garantice el desarrollo libre del mismo oficio. Los fueros siempre implican, por lo tanto, la encarnación histórica de una serie de derechos que incluyen, a la vez, una serie de deberes. Hay cierta reciprocidad implicada en todos los fueros: do ut des. Es imprescindible notar, a la luz de lo ya dicho, que los fueros nacen de una serie de actividades humanas ya existentes”.

Puesto que los fueros y el sistema foral es algo muy desconocido y muy mal explicado me dispongo, brevemente, a dar una pequeña explicación de que qué cosa son los fueros y porqué hay que defenderlos. En primer lugar hay que tener un mínimo conocimiento de la historia de España. Si no conocemos nuestra propia historia, si no sabemos cómo se formó y conformó nuestra patria, es muy difícil entender esta cuestión. España, tras la invasión sarracena, tuvo un periodo de conquista en el que se fueron conformando distintos reinos, principados, condados y señoríos que acabaron confluyendo en una misma corona sin perder su propia idiosincrasia y personalidad. Esa personalidad, esos usos y costumbres propios y particulares de cada reino son los fueros, que debían ser jurados, defendidos y cumplidos por cada rey al acceder al trono. Un ejemplo paradigmático podría ser el reino de Navarra. Efectivamente como nos dice la historia “Al terminar las hostilidades con la victoria del bando castellano-beaumontés, las Cortes de Navarra se reúnen en 1513 con la asistencia tanto de los beaumonteses como de buena parte de los agramonteses. El pacto entre Navarra y Castilla se sella en esa reunión al reconocer una parte los fueros y la otra la corona de Castilla. La corona la misma, pero los reinos distintos.

Desde entonces los reyes de Castilla serían además reyes de Navarra pero, aunque teniendo un mismo rey, ambos seguirían siendo reinos distintos con leyes y gobiernos distintos. Los términos los recoge muy ilustrativamente la Novísima Recopilación de los Fueros y Leyes de Navarra al describir que “la incorporación de este Reino a los de León y Castilla fuese quedando salvos e ilesos todos sus Fueros, leyes y costumbres para governarse por ellos: de manera que el haverla incorporado no fue por modo de supresión, sino por el de unión eqüe principal, y assí cada Reino retuvo su naturaleza antigua en Leyes, territorio y gobierno”. :

Pero no creamos que esto fue un "privilegio" navarro, o vasco, o catalán, como muchos piensan. Esto ocurrió en toda España. Un ejemplo que a muchos chocará es mi querida tierra murciana. Cuando el Rey Católico D. Fernando visitó el Reino de Murcia juró los fueros murcianos. Tenemos el testimonio de Fernando Martínez, escribano público de Yecla. La transcripción dice asi:  (Cruz) En la villa de Yecla, lunes, quatro días del mes de agosto, año del nasçimiento de nuestro salvador Ihesucristo de mill e quatroçientos y ochenta e ocho años. 

Que Vuestras Altezas juran a Dios e a esta señal de cruz ( + ) y a las palabras de los quatro santos evangelios que con sus reales manos corporalmente han tañido, que guardarán e manternán y mandarán guardar y mantener todos los  fueros, usos y buenas costunbres que esta villa ha e tiene e le fueron otorgados, asy por los reyes de gloriosa memoria sus projenitores, anteçesores de sus altezas, e depués por Vuestras Altezas, otorgados y confirmados segund y como mosén Gaspar Fabra, capitán de Vuestras Altezas, y por virtud de los espeçiales poderes que de vuestras muy esclaresçidas señorías tovo, lo prometió e juró, e Vuestras Altezas así lo loaron e aprovaron. E si nesçesario es, que Vuestras Altezas aquello segund que fue prometido y jurado, de nuevo lo juran e confirman y otorgan.  Queda pues claro que no es cosa de vascos como tantos piensan, sino que estaba extendido por toda España.  pero, ¿Qué son los fueros? lo iremos desgranando poco a poco.

En primer lugar son una norma jurídica caracterizada por su preexistencia consuetudinaria y usual, como dijo el Rey Alfonso X El Sabio: Forus dicitur ius ab usu et consuetudine causatus, quod pro lege servatur. «Se llama Fuero al derecho causado por el uso de la costumbre, que es observado como ley». Es por tanto una ley consuetudinaria y antigua frente a la ley otorgada, que tiene su origen en el pueblo, a diferencia de la ley decretada en la que el pueblo no participa. Son los técnicos, jurisperitos, los que recopilan y fijan las costumbres, los miembros de la comunidad exigen su reconocimiento y finalmente son sancionados por el poder legislativo promulgando el fuero como ley, otorgándoles procedimientos adecuados para garantizar su cumplimiento y la sanción de las conductas contra-fuero. Son una norma general, es decir, no son para un grupo social determinado, sino para todos

En segundo lugar son la forma jurídica de todo un pensamiento político basado en el orden social cristiano a través del llamado Principio de Subsidiariedad: “una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común” (CA 48; Pío XI, enc. Quadragesimo anno).

Son por tanto leyes creadas autáquicamente por los pueblos, sistema de libertades políticas concretas para hombres concretos en una comunidad concreta que surgen espontáneamente de abajo a arriba y que sirven de barrera al Estado e impiden su tiranía.

Del mismo modo garantizan la pluralidad frente al uniformismo jurídico de los sistema políticos liberales o totalitarios. Y dentro de esa defensa de lo propio, de lo particular, encontramos las lenguas propias de cada region (las que las tenga). También son polémicas, en gran parte debido al uso torticero y antihistórico que de ellas hacen los nacional-separatistas en algunos lugares. Pero despojado de ese uso (y abuso), son lenguas tan españolas como el castellano o español, y tan respetables por tanto como éstas, y pertenecen al gran y riquísimo patrimonio cultural, no ya de esas regiones, sino de toda España. No hay (o no debería haber) problema alguno en que los catalanes o los vascos hablen su lengua, que es española, mientras no la utilicen con fines espúrios ni dañen a la lengua común de toda la nación. Ese ataque que a veces se hace a las lengua llamadas vernáculas es un ataque, a veces inconsciente pero evidente, a la propia España, tan intolerable como el "muera Cataluña" que a veces hemos tenido que soportar a lo largo de la historia. Esos ataques son auténticas fábricas de separatistas y hay que terminar con ellos.

Finalizando con el tema foral, hay que decir que no se trata de implantar el sistema tal y como era cuando fueron abrogados por el liberalismo. Es evidente que muchas normas están periclitadas y en desuso. Pero muchas otras se pueden adaptar al tiempo presente porque de una forma u otra siguen vivas en la sociedad e incluso se pueden crear nuevos fueros. Lo importante es que, como decía S.Isidoro de Sevilla: La ley debe ser honesta, justa, posible, conforme a la naturaleza y a las costumbres patrias, conveniente al lugar y al tiempo, necesaria, útil, clara –no sea que induzca a error por su oscuridad–, y dada no para el bien privado, sino para utilidad común de los ciudadanos.

Muchos pensamos que los fueros se adaptan a esa definición clarividente, son normas adaptadas a la naturaleza, a las costumbres patrias, a los diversos lugares y a cada uno de los tiempos. Y una cosa más: son pura Tradición.

domingo, 20 de marzo de 2016

¡REACCIÓN! ¡REACCIÓN! ¡REACCIÓN!


Vivimos momentos duros, oscuros, difíciles, de persecución, de totalitarismo, de insana vesania y odio hacia todo lo que signifique Religión Católica y patriotismo español. Momentos complicados que sin embargo no son los primeros en nuestra historia. Echando un vistazo al pasado encontraremos que momentos como estos, incluso peores, han acontecido en nuestra Patria. Mas, el enemigo, ese que siempre está al acecho ora escondido ora dando la cara como en el momento presente, salió escaldado. ¿Porqué? Porque hubo una reacción viril y gallarda como corresponde al buen y sano pueblo español. Los españoles de entonces reaccionaron como buenos ante el ataque y la persecución, incluso física, de la Religión Católica sin la que no se puede entender la patria española y de España como nación católica y misionera. Aquellos hombres admirables y envidiables lo dieron todo, incluso su propia vida, en defensa de sus creencias, convicciones y principios. Insobornablemente.

Pero, ¿Qué ocurre hoy? Cuando el enemigo vuelve a levantarse, cuando, envalentonado, vuelve a su ser destructivo de la historia, de la tradición, de la cultura y del propio ser de España, vemos cómo el pueblo español, otrora valiente, gallardo, combativo y viril, calla y "pasa" por completo de los acontecimientos graves que se están produciendo. Un pueblo adormecido, aborregado, anestesiado, aburguesado y, lo que es peor, acobardado, admite sin problema de conciencia alguno todas las barrabasadas inadmisibles que están aconteciendo y, si Dios no lo remedia, seguirán aconteciendo. Contempla, entre perezoso y cómplice por omisión, cómo el enemigo (y aquí englobo por igual a comunistas, socialistas, separatistas y liberales) va dando pasos de elefante en su afán de destrucción de todo lo que odian, la Religión Católica, España y su gloriosa historia, y la Tradición. El español de hoy se enoja y vocifera cuando cree una injusticia el arbitraje que le han hecho a su equipo de fútbol, incluso se moviliza y manifiesta en pro de su equipo si baja de categoría o si está en trance de desaparecer, pero es incapaz de movilizarse si se pretende relegar a la esfera privada todo sentimiento religioso o si una parte de España trata de separarse. A lo sumo muestran su enfado tímidamente en charlas de café o en los grupos de whatsapp, pero cuando les informas de que hay una concentración o manifestación provida, o profamilia, o pro unidad nacional de España siempre tienen una excusa, aunque sea de lo más peregrina, para no acudir. Eso sí, cuando se le afea te salen con que son más radicales que tú. ¡Demuéstrese, pues!

Yo entiendo que cuarenta años de educación sesgada y manipulada, de desinformación y bombardeo constante en los medios de comunicación desde un único punto de vista ha mermado el conocimiento real de las cosas en muchos españoles y los principios y valores han cambiado hasta el punto de que el Guerra tuvo razón cuando dijo aquello de que a España no la iba a conocer ni la madre que la parió. Pero aún así, ¿No es evidente que quieren comernos por los pies, más aún viendo que no tienen a nadie que les haga frente? ¿Cuándo vamos a reaccionar, cuando vuelvan a matarnos como hicieron en el siglo pasado? ¿No quedan en España ya hombres y mujeres valientes y sin complejos que no quieran pasar por el aro y reaccionen frente al empuje avasallador ya sin máscaras de los de siempre?

Hemos conocido episodios terribles, como el intento de quema de varias Iglesias a lo largo de la geografía española, de agresiones a sacerdotes, de asaltos a Iglesias y capillas, de blasfemias públicas insoportables, de legislaciones en contra de toda manifestación pública de la Fe de todo un pueblo y en contra de la vida y de la Ley Natural, de separatismos ilegítimos, cerriles y renegados....y el pueblo español sigue en casa, ensimismado por la televisión, como si nada de eso le importara o fuera con él. Por supuesto salvo a las minorías que siempre las hay, pero... son tan minoritarias. Por eso no dejo de preguntarme, hasta cuándo va a permanecer así. ¿Es que España definitivamente ha dejado de ser España?

Yo me niego en absoluto a creerlo. Hay que despertar al sano pueblo español, subir a todas las iglesias de España y tocar las campanas a rebato porque España se hunde si no hay reacción. España, la España de siempre, la España eterna, necesita de nuestra reacción porque se nos muere de entre las manos. Dejémonos de lamentaciones, de críticas sin acción posterior, de desahogos meramente verbales y reaccionemos. Con corazón y con cabeza. Reacción como la ocurrida en mi querida Murcia ante el intento laicista de los comunistas de siempre, disfrazados pero bien conocidos, de desterrar a la Religión Católica a las sacristías y a las viviendas particulares. Ojalá cunda el ejemplo y se expanda esta reacción, pequeña aún pero que puede servir de revulsivo de la conciencia nacional dormida, a toda la piel de toro de nuestra amada España.

domingo, 9 de agosto de 2015

NUEVA RESPUESTA AL SEÑOR REVERTE

Como hace dos semanas el señor académico Reverte ha parido un nuevo artículo insistiendo en las guerras carlistas. Es una nueva muestra de manipulación aderezado, como el anterior, de ignorancia y malediciencia. 

Comienza la manipulación con la siguiente incongruencia: "...D. Carlos...pretendía imponer en España un régimen absolutista y centralista", para decir a continuación con la finura estilística que le caracteriza que "si reinara...les iba a meter los fueros por el ojete". ¿En qué quedamos? ¿Era centralista o fuerista? Porque las dos cosas no se pueden ser a la vez. Pero quedémonos por un momento en el archimanido concepto "absolutista", utilizado desde siempre por los anticarlistas de toda laya. Supongo que es mucho pedir que haya leído la obra de Federico Suárez Verdaguer  "La crisis política del antiguo régimen en España (1800- 1840)"o la más reciente de Alexandra Wilhemsem " La formación del pensamiento político del Carlismo (1810-1875)", donde demuestran que gran parte del absolutismo era partidario de Fernando VII y de Isabel (llamada II). La ya clásica división entre conservadores, renovadores e innovadores, en donde los innovadores serían los luego conocidos como carlistas. Pero entiendo que es pedir peras al olmo.

Sigue dividiendo a los españoles entre campesinos analfabetos (carlistas) y habitantes de las ciudades "gentes más abierta de mollera". No insistiré mucho en esta manipulación, ya le demostré en el pasado artículo que las mentes pensantes más importantes estaban con el Carlismo, el liberalismo sólo tenía espadones y burgueses acomodados. 

Llama al General Cabrera, aprovechando su apodo de Tigre del Maeztrazgo, "mala bestia", igualando a sus enemigos liberales con el mismo epíteto. Pero, a pesar de nombrar el episodio del asesinato de su anciana madre, no duda en calificarlo de "represalia sobre represalia". ¿Qué haría usted ante semejante bestialidad? 

Luego de definir como "carcas y autoritarios" a los países que apoyaron la Causa de D. Carlos habla, sin nombrarlo, del conocido como Convenio Eliot debido a que unos y otros se fusilaban sin contemplaciones y esto motivó protestas diplomáticas. Pero olvida que los primeros fusilamientos fueron liberales, como el de Santos Ladrón de Cegama ya en octubre de 1833 en Pamplona.

Escribe sin rubor que "todo empezó como sublevación". Pero, ¿Porqué no ir al origen y a lo que motiva esa sublevación? Porque media España no se subleva así como así. Tendrá una razón. El autor la silencia o la ignora. Pues bien, La razón estriba en la actuación absolutista (esta vez sí) de Fernando VII al querer imponer, saltándose a la torera las Leyes de la Monarquía Española y sin el concurso de las Cortes, a su hija obviando la ley sálica entonces vigente. Lo que tampoco dice el autor es que, lo que empezó siendo una sublevación legitimista dinástica, acabó siendo una lucha de defensa de una idea de España (la tradicional, la de siempre, la eterna) frente a las extranjerizantes ideas liberales y jacobinas (movidas en gran parte por la masonería) del bando cristino primero isabelino después. 

Y acabo con la malediciencia. Este personaje, que para algunos es un defensor del españolismo (sic), admite como apropiadas y ciertas las opiniones basadas sin duda en la maldita Leyenda Negra. Y expone varias citas, como esta de Richard Ford. "los españoles han sido siempre muy crueles". Y se queda tan ancho. Es una muestra más del odio que siente por lo español, lo auténticamente español, por sus héroes y por sus mártires, por sus epopeyas y sus hazañas, por el glorioso lugar que ocupó España en el mundo. Si esta serie de respuestas les abrieran los ojos a mas de uno, me daría por satisfecho.

Me atreví a darle un consejo en el artículo anterior. Hoy me atrevo a darle otro. Deje la historia para los historiadores. La historia no es un juego ni un arma política. Es una ciencia. Y sin método histórico científico no hay historia. Usted no es historiador ni tiene la más mínima idea de como se hace historia. Así es que dedíquese a escribir seudonoveluchas de caballería si quiere pero deje la historia a los que saben, los historiadores. 

Una cosa más, visto que no ha tenido la decencia de retirar la acusación de etarras a los carlistas, no puedo sino homenajear públicamente a Jose Mari Arrizabalaga, jefe de las Juventudes Tradicionalistas de Vizcaya, vilmente asesinado un 27 de diciembre de 1978 por los sucios asesinos de ETA. Y no fue el único carlista asesinado por esa gentuza criminal. Si tiene "mollera" reflexione sobre ello. 

domingo, 26 de julio de 2015

UNA HISTORIA DE ESPAÑA...SIN MANIPULACIÓN

El desinformado manipulador Sr. (?) Pérez Reverte al que llaman algunos escritor ha defecado un intento de artículo en el Semanal Digital con el título "Una historia de España (XLVIII)" en el que, con un afán desmesurado, rabioso y feroz miente y manipula descaradamente sobre una época de la historia de España que comprende las guerras carlistas. 

Su inicio es ya de juzgado de guardia y yo animo a quien pueda a emprender las oportunas acciones legales que merece. Nada menos que este abyecto personaje (que, efectivamente tal como titula su columna tiene una incomprensible y grandiosa patente de corso) osa decir que la quinta guerra carlista del s. XX es el terrorismo de ETA. Es denunciable y abofeteable si viviéramos en los grandes tiempos del duelo.

Continúa su libelo afirmando que los partidarios del pretendiente (aquí resbala como tantos, era reclamante pues pese a quien le pese era el Rey legítimo) eran los que estaban "hasta el cimbel de que los crujieran a impuestos". Dejando atrás esa expresión tan poco culta para alguien que se cree el nuevo Cervantes redivivo, es una falsedad en toda regla. Entiendo que usted no admita el idealismo de los que salieron a jugarse el bigote por un ideal encardinado en la raíz más profunda del ser español, pero así fue, le guste o no. Habla de privilegios forales, cayendo en el error también de tantos, pues fueros no equivale a privilegio, sino a uso, costumbre, tradición, enraizada y reconocida por los reyes de la monarquía hispánica. Y no existían únicamente en el norte de España como aviesamente cita. 

Que el movimiento insurreccional arraigó sobre todo en el medio rural es cierto, pero no por que fueran campesinos analfabetos como dice este sujeto. El movimiento carlista fue eminentemente popular, de gentes de raigambre profundamente católica y española, muchos de ellos se habían batido el cobre ya en la guerra contra el francés al mismo grito de Dios, Patria, Rey y no hacían más que luchar contra las ideas extranjeras y extranjerizantes que trajeron los franceses y que algunos traidores y renegados hicieron suyas saltándose a la torera siglos de historia y la propia ley entonces vigente.

¿Curas trabucaires? Por supuesto que sí, pero ¿porqué no explica la razón de su existencia? Se alzaron al ver la persecución a la Iglesia por parte de esos tolerantes (y demócratas diríamos hoy) liberales que se dedicaron a matar frailes ya desde el trieno liberal y a robar (porque no tiene otro nombre) propiedades a la Iglesia con la infame desamortización. ¿Tiene sentido su indignación y su militancia antiliberal?  Pues dígalo, hombre de Dios.

Citar a los escritores más furibundamente anticarlistas que han existido seguramente nunca como Pío Baroja o Galdós es hacer trampa. ¿Porqué no cita  D. Ramón María de Valle-Inclán. o a Dña. Emilia Pardo Bazán, o a Jose Maria de Iparaguirre? ¡Ah! No, que esos hablaban bien del carlismo...

Apoyándose en ellos critica la "finura ideológica" del Carlismo. Le podría explicar que el Carlismo no es ninguna ideología, pero no creo que esté a su altura. Si le diré que es un corpus doctrinal que se fue puliendo y consolidando con los años (no hay más que leer el Manifiesto de los Persas que dudo haya leído) gracias a los pensadores más lúcidos y españolísimos que haya dado el S. XIX  y XX español. A los nombre de los tradicionalistas no carlistas Menéndez Pelayo, Donoso Cortés o Jaime Balmes, se añadieron los tradicionalistas ya carlistas Aparisi Guijarro, Vázquez de Mella (al que alguna imbécil quiere quitar el nombre de una plaza de Madrid), Víctor Pradera (asesinado en el 36 por defender a España sin que los peneuvistas de entonces, esos que dice este iluminado son los herederos del Carlismo, movieran un solo dedo), Elías de Tejada, Álvaro D´ors, Rafael Gambra o en la actualidad Miguel Ayuso, entre otros. ¿Cómo se puede tener la caradura de presentar al Carlismo como una suerte de bárbaros sin pensamiento sedientos de sangre?

Presenta a los liberales como los partidarios de la modernidad, del progreso social, etc. etc. ¿Modernidad el asesinato masivo de frailes ya desde 1823 (y no desde 1936 como algunos ignorantes creen)? ¿Modernidad el saqueo que significó la desamortización de bienes eclesiásticos, el "mayor latrocinio de la historia" en frase de Menéndez Pelayo? ¿Modernidad el centralismo atroz que provocó el nacimiento de los nacionalismos separatistas hasta nuestros días? ¿Progreso social la creación de una nueva clase social, el proletariado, que dió como consecuencia la aparición del Socialismo y el Anarquismo? 

Acusa a los carlistas de meapilas y clericales. Pero, ¿No hemos quedado en que sus partidarios eran curas trabucaires? ¿Clericales, cuando el propio autor del escrito difamatorio reconoce que las altas jerarquías de la Iglesia estaban con el liberalismo? ¿Qué galimatías es este? Ni meapilas ni clericales, católicos orgullosos de serlo, coherentes y consecuentes con su Fe. Con sus errores, por supuesto, como humanos que eran. No hay nadie perfecto.

Alejándose del binomio Carlismo-Liberalismo este abyecto personaje describe a lo que él llama "la vieja España" como la de "la violencia, la delación, el odio, y la represalia infame". Pero qué clase de historia de España ha leído usted, señor mío, ¿La de la Leyenda Negra? Como veo que anda corto de lecturas le recomiendo el libro de Manuel García Morente (al que, supongo, conocerá) "Idea de la Hispanidad", en el que, haciendo un recorrido por el histórico genio hispánico, define al español como "Caballero Cristiano", absolutamente alejado de la Leyenda Negra que usted parece adorar. 

Que hubo violencias en la guerra por supuesto, no conozco ninguna en la que se regalen caramelos. Pero, como se suele decir, hay clases. La violencia liberal fue brutal, atroz, desmesurada, no hay más que ver el fusilamiento de la anciana madre del General Cabrera. La violencia carlista fue en muchas ocasiones respuesta a la exagerada violencia liberal.

Acusa a ambos bandos de querer el poder para establecer "un despotismo hipócrita que sometiera a los españoles a los mismos caciques de toda la vida", también de trincones, mangantes, etc. etc. Entiendo que es difícil para un apesebrado como el autor entender lo que es el idealismo, pero sólo le diré una cosa, la época de más y mayor caciquismo que se recuerda fue en el sistema liberal de la Restauración, bien definida por Joaquín Costa como Caciquismo y Oligarquía. Una época muy parecida a la actual, por cierto. Liberal, claro.

Las dos citas finales del acérrimo anticarlista Pío Baroja no merecen mayor comentario. Pero sí quisiera volver al principio, cuando nos quiere vender la Cruzada del 36 como la cuarta guerra carlista. Aquí peca de ignorancia, pero como es de buen cristiano enseñar al que no sabe lo diré que los requetés salieron al campo de batalla en defensa de Dios y de España. Punto. Lo que pudiera haber de "partidismo" quedó absolutamente al margen, como sabe cualquiera que esté un poco ducho en la materia. Este hecho lo prueba el que el Carlismo siempre se consideró el vencido entre los vencedores.

Finalmente y para no alargarme más porque no merece la pena, esa acusación poco menos que de etarras si tuviera dignidad y gallardía la retiraría de inmediato. Ya que no lo hará porque ni tiene ni la ha conocido le vuelvo a recomendar, como hice hace unos años ante el ataque brutal que hizo a Monseñor Reig Plá, que, mejor que escribir panfletos antihistóricos, manipuladores y tergiversadores, malgastara sus energías en la búsqueda de la identidad de su progenitor.

viernes, 24 de octubre de 2014

¿PORQUÉ NO SOY LIBERAL?

En conversaciones privadas con amigos sobre política noto el desencanto, la preocupación y la falta de dirección de muchos desengañados y traicionados por la política y los políticos de hoy. No saben exactamente hacia dónde dirigir políticamente sus pasos, salvo que (quizá tímidamente aún) ya no confían en los partidos llamados tradicionales, y buscan el nuevo maná en los nuevos y emergentes partidos que, surgiendo del sistema, dicen querer reformarlo o regenerarlo. Dejando a un lado el fenómeno Podemos (engendro marxista-chavista que ha sabido conectar con los problemas de la gente con un mensaje inteligentemente populista), los nuevos partidos tienen un denominador común: se identifican con el liberalismo, unos a la derecha (liberalismo conservador) y otros a la izquierda (liberalismo progresista). Y cuando les preguntas cómo se definen, ellos suelen contestar, no sé si con el conocimiento de causa suficiente, que son liberales, como si dicha ideología fuera la panacea  de la libertad y el único posicionamiento político posible. El liberalismo hoy en día tiene buena prensa (incluso en medios de izquierda) y todo aquello que no coincida con él está condenado al silencio mediático cuando no a la falsificación o la manipulación. 

Yo me propongo dar a conocer que el liberalismo no es ese maná ni esa panacea de la que hablan los panegiristas y propagandistas hoy mayoritarios y por eso voy a explicar porqué no soy liberal. Podríamos decir que el liberalismo tiene tres cabezas, el liberalismo filosófico, el liberalismo ideológico-político y el liberalismo económico. Trataré de explicar porqué no comulgo con ninguno de los tres.

Para poder comprender el error del liberalismo hay que empezar por el hombre. Como decía Aristóteles el hombre es un animal político, es decir social y Santo Tomás añade que está ordenado a la sociedad. No es por tanto una unidad económica, ni la medida de todas las cosas. Siguiendo con Aristóteles, quien es incapaz de vivir en sociedad o es un animal o es un dios. Y la primera sociedad del hombre es la familia, viene al mundo en una y se educa en su seno. Pero la familia no es autosuficiente , necesita de la sociedad: el municipio, la región, la nación. En definitiva el hombre es un ser social porque está hecho a imagen y semejanza de Dios, que convive en sociedad a través de sus tres Personas.Todo esto contrasta con el liberalismo que concibe el individualismo como valor supremo, por encima del bien común y de la razón. En efecto el individualismo liberal (eso que llaman libertad individual) concibe al hombre como un ser absoluto carente de naturaleza social. Rousseau entiende que la sociedad tiene su origen en un contrato entre individuos (el famoso Contrato Social). Es un grave error. Ese pacto es una ficción inventada, el hombre no es una especie aislada y solitaria, ha nacido para vivir en comunidad. La hipótesis del hombre solitario de Hobbes ("el hombre es un lobo para el hombre") y Rousseau ("el buen salvaje") es falsa, nacemos sociales y nacemos en sociedad.

Pero además la persona humana tiene dignidad, precisamente por ser hijo de Dios. El hombre tiene un alma que Dios crea para cada uno, es decir, no es solo materia como los animales, no se le puede manipular. El hombre ha sido creado para salvarse y tiene una serie de derechos inalienables como son el derecho a la vida (y de ahí radica el rechazo al aborto, a la eutanasia, etc. que el liberalismo en mayor o menor grado tolera) o el derecho a la verdad, que es la que nos hace libres. Estos derechos son creados por Dios, son propios de la naturaleza humana y son  anteriores al estado que debe respetarlos y defenderlos. 

El hombre nace libre, y por serlo, es responsable. Un sistema político que hace de la libertad de los individuos el bien máximo y el fin en sí (el liberalismo) termina destruyéndose y degenerando en la anarquía.  De aquí que libertades que defiende el liberalismo como la libertad absoluta de expresión (que pone en pié de igualdad la verdad y el error, el bien y el mal) o la de enseñanza (que priva a los niños de la verdad para dar paso al relativismo) sean rechazables.

Como hemos referido la primera sociedad del hombre es la familia, célula básica y fundamento de la sociedad, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, unida y abierta a la vida. Es por tanto anterior a cualquier otra sociedad y sus derechos y deberes son prioritarios. Un derecho propio y primordial es la patria potestad que no puede ser absorbida por el poder público, de ahí que esté contra la educación estatal entre otras cuestiones. Nada de esto encontramos en la ideología liberal, partidaria del divorcio, uniones temporales de pareja, uniones homosexuales, educación estatal, etc.

Pero la acción de individuos y familias por una parte y del estado por otra no es suficiente. Es indispensable el cuerpo social de las asociaciones intermedias. Sin este tejido, atacado de siempre por el liberalismo, se produce (como estamos viendo todos los días) la indefensión de individuos y familias y el estatismo exagerado que absorbe de facto a la sociedad. Hablamos de municipios, colegios profesionales, corporaciones, sindicatos...que abarcan todos los ámbitos: económico, religioso, cultural, educacional, deportivo, etc. Estos cuerpos intermedios se constituyen de abajo hacia arriba y se deben subordinar al bien común. Nada de esto vemos en la ideología y en los regímenes liberales, que han destruído la sociedad civil convirtiendo al estado prácticamente en omnipotente y opresor de toda legítima autonomía. A ello habría que añadir el poder absoluto de los partidos políticos que propicia el liberalismo, que abarca la sociedad entera. Las sociedades intermedias deberían ser autárquicas y tener su propia esfera de atribuciones. En función de lo dicho defiendo el Principio de Subsidiariedad que en román paladino quiere decir que no haga el cuerpo superior aquello que le corresponde y pueda el inferior, debiendo ayudar (subsidiariamente) el superior en aquello que no pueda el inferior. El liberalismo acabó con dicho principio. 

Hablando del estado, la autoridad se constituye a partir de la misma sociedad, y no procede del pueblo por pacto o contrato social como dice el liberalismo. Procede de Dios. Si la autoridad es constituída por la multitud (soberanía popular) de modo que legisla sin sujeción moral acontecen todos los problemas de corrupción que tanto deploramos. Esa máxima liberal que dice que lo espiritual y lo temporal son esferas separadas que no deben confundirse nos llevan a la inmoralidad política que estamos padeciendo día a día. Del mismo modo la autoridad del estado debe ser limitada, Su función no es la de asumir directa y únicamente las funciones económicas, culturales y sociales que pertenecen a otras competencias como ocurre en los regímenes liberales. 

En política el liberalismo tiene como modelo único el sufragio universal y la voluntad de la mayoría. Por tanto, desliga la mayoría de un bien moral superior de tal forma que la ley queda al capricho de la mayoría, sea o no justa: tiranía. Esto nos lleva al tema del régimen de gobierno liberal: la democracia liberal, aquella que se basa en la soberanía popular, inspiradora de la Revolución Francesa y de autores ya conocidos por el lector como Rousseau o Hobbes. En esencia es la usurpación del poder político de la soberanía de Dios, se pone al estado en el lugar de Dios como fin supremo y norma moral, destruyendo así la ley natural, legislando el estado sobre todas las cosas y asumiendo como ley cualquier deseo mayoritario de sus votantes, supeditando directamente los conceptos del bien y del mal a la voluble decisión de la masa, influenciada y manejada a su antojo por las poderosas manos que dominan los medios de comunicación. De tal manera que esa falta de moral termina por perjudicar a los más débiles de la sociedad. Por consiguiente si no existen unos mínimos principios incuestionables asumidos como previos a cualquier voluntad democrática mayoritaria, cualquier monstruosidad es posible en una democracia liberal (véase el genocidio nefando del aborto). Ese marco mínimo de principios no es otra cosa que la Ley Natural, esa "norma escrita por el Creador en el corazón del hombre" que nos permite diferenciar el bien del mal.

Como estamos viendo, el liberalismo es una ideología (sistema de ideas con fines de conquista y ejercicio del poder con evidentes intereses creados) y no una doctrina (conocimiento metafisico, moral y teologal del hombre y la sociedad, ajeno a intereses creados donde operan los principios), cuyo principal error es la postulación de la soberanía humana exenta de todo orden superior, convirtiéndola en principio, fuente exclusiva y juez único de la verdad, es decir, entiende por libertad lo que es pura licencia. Por eso podemos decir que liberalismo no equivale a libertad. Es cierto que hay varios liberalismos, hoy en día está de moda hablar de neoliberalismo, pero en esencia es lo mismo.

Y como ideología que se precie tiene su sistema económico: el capitalismo, cuyo elemento moral es el materialismo práctico, que tiene unos efectos económico-sociales, según la Encíclica "Rerum Novarum" aberrantes: la acumulación de riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de una inmensa mayoría, produciéndose una disociación entre capital y trabajo, la explotación del segundo por el primero y las relaciones entre uno y otro como relaciones de fuerza y no de derecho. Finalmente la libre economía desenfrenada, tan ligada a la ideología liberal.

El capitalismo tiene su mayor fuerza en la llamada teoría de la mano invisible, según la cual el mercado se regula a si mismo, no debe intervenir ningún tipo de organismo, por eso Adan Smith decía que existía una mano invisible (como un dios por así decir) que guía a la economía capitalista y hace que la suma de egoísmos individuales, que persiguen el beneficio personal, repercutan en el beneficio de la sociedad y en el desarrollo de la economía. Según el actual papa Francisco "Algunos todavía defienden las teorías del 'derrame', que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante", y aclara" Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico". Claramente el Papa está contra el liberalismo económico y contra la desregulación. En ese sentido también tenemos la teoría de laissez faire laissez passer, que se refiere a la completa libertad en la economía, libre mercado laboral y nula intervención de los gobiernos.

Pero, como escribe Jose Maria Permuy, "en la práctica, el inmenso poder económico acumulado por los grandes capitalistas ha logrado imponer tal presión sobre los gobiernos que las legislaciones se han hecho y se hacen a favor de sus intereses y no del bien común, y en contra de los cuerpos intermedios; con lo cual, de hecho, consiguen que los Estados no se abstengan, sino que intervengan en la economía, pero a su favor, impiden la creación de marco jurídicos adecuados, y se cargan la subsidiariedad".

Otras objeciones que se pueden poner al capitalismo son que la propiedad tiene su origen en el trabajo humano, mientras que el capitalismo cree que solo el capital da derecho sobre la propiedad de los medios de producción; o que la propiedad ha de ser sin límites, sin atender al bien común; o que el capitalismo no admita el derecho de los desposeídos a participar en alguna forma de propiedad; o que el capital, que es un factor decisivo para el proceso productivo, se erige hegemónicamente en único protagonista del mismo, y dispone arbitriariamente del fruto del trabajo. El trabajo es un atributo humano y por tanto más merecedor de respeto que el capital.  Como sigue escribiendo Permuy " tanto Juan Pablo II como sus predecesores han condenado explícitamente el capitalismo moderno y contemporáneo, así como el liberalismo económico y político (no sólo el filosófico), y advertido que la injusticia y el fracaso del socialismo no hace del capitalismo una alternativa válida para la construcción de un orden social cristiano".

El gran tribuno del Tradicionalismo español D. Juan Vázquez de Mella lo explicaba muy bien, oigámosle:

 "Esa Economía había dicho que el trabajo era una mercancía que se regulaba, como las demás, por la ley de la oferta y del pedido, y la Economía social católica contesta: No; el trabajo, como ejercicio de la actividad de una persona, no es una simple fuerza mecánica, es una obra humana que, como todas, debe ser regulada por la ley moral y jurídica, que está por encima de todas las reglas económicas.


Esa Economía había dicho que el contrato de trabajo era asunto exclusivamente privado, que sólo interesaba a los contratantes; y la Economía católica contesta: No; el contrato de trabajo es directamente social por sus resultados, que pueden trascender al orden público y social; y la jerarquía de los poderes de la sociedad, y no sólo del Estado, que es el más alto, pero no el único, tienen en ciertos casos el deber de regularlo.
La Economía liberal había dicho que el principal problema era el de la producción de la riqueza, y la Economía católica contesta: No; el principal problema no consiste en producir mucho, sino en repartirlo bien, y por eso la producción es un medio y la repartición equitativa un fin, y es invertir el orden subordinar el fin al medio, en vez del medio al fin.
La Economía liberal decía: Existen leyes económicas naturales, como la de la oferta y la demanda, que, no interviniendo el Estado a alterarlas, producen por sí mismas la armonía de todos los intereses. La Economía social católica contesta: No existen leyes naturales que imperen en el orden económico a semejanza de las que rigen el mundo material, porque el orden económico, como todo el que se refiere al hombre, está subordinado al moral, que no se cumple fatal, sino libremente, y no se pueden armonizar los intereses si antes no se armonizan las pasiones que los impulsan; y no es tampoco una ley natural la de la oferta y el pedido, porque ni siquiera es ley, ya que es una relación permanentemente variable.
La Economía liberal decía: La libertad económica es la panacea de todos los males, y la libre concurrencia debe ser la ley suprema del orden económico. Y la Economía social católica contesta: No; el circo de la libre concurrencia, donde luchan los atletas con los anémicos, es el combate en donde perecen los débiles aplastados por los fuertes; y para que esa contienda no sea injusta, es necesario que luchen los combatientes con armas proporcionadas, y para eso es preciso que no estén los individuos dispersos y disgregados, sino unidos y agrupados en corporaciones y en la clase, que sean como sus ciudadelas y murallas protectoras, porque, si no, la fuerza de unos y el poder del Estado los aplasta.”

Visto lo visto es fácil adivinar porqué no soy liberal: porque soy católico. En este punto algún indocumentado me dirá que si lo que soy entonces es socialista. ¡Qué atrevida es la ignorancia! No señor, la alternativa al liberalismo no es el socialismo como tanto y tanto insisten los propios liberales. Hay otra vía entre el liberalismo (insisto, en todos sus grados) y el socialismo, que es el orden social cristiano basado en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la doctrina social más avanzada y más justa que se conoce.

Pero aún hay otra razón de porqué no soy liberal, que es la historia, maestra de la vida. Tras la guerra de la Independencia, que no sólo fue guerra contra el invasor sino también contra las ideas revolucionarias (luego conocidas como liberales) que traía, se impuso con todo tipo de irregularidades la constitución de 1812 que significó el primer paso en España del liberalismo y que es el origen de muchos de los males del s. XIX español y del que aún sufrimos las consecuencias. A partir de ahí se darían  todas las convulsiones históricas decimonónicas por todos conocidas: cuatro alzamientos liberales de 1814 a 1820 (el de Mina, el de Porlier, la llamada conspiración del Triángulo y el pronunciamiento de Lacy); alzamiento de Riego que daría paso al Trienio liberal (1820-1823): nombramiento de Mendizábal en 1835 y comienzo de su famosa Desamortización, "el mayor robo de la historia de España"; el motín de la Granja de 1836;  la revolución de 1840; en 1854 el llamado Bienio Progresista con más desamortización; revolución de 1868 llamada "la Gloriosa" , que acabaría dando paso a la I República con 4 presidentes en apenas dos años; etc. etc., todo ello aderezado desde 1834 con las matanzas de frailes y el incendio de conventos (espoleados por la masonería tan querida por el liberalismo) que se repetirían durante la II República y la guerra 1936-39.

El liberalismo significó la expropiación de tierras comunes para individualizar sus propietarios que no eran sino la élite liberal de entonces, la represión de la capacidad asociativa de grandes capas de la población, supuso la ruptura en los modos de vida tradicionales y de los lugares por imposición, introdujo en la sociedad política la oligarquía y el caciquismo y en definitiva, fue el causante de la aparición de los nacionalismos periféricos (en especial el catalán y el vasco) y del movimiento obrero social-comunista y anarquista por la injusticia que propició. Más en la actualidad no creo necesario explicar lo que ha significado el liberalismo desde la llamada transición política hasta nuestros días. Baste reseñar el clima de postración moral, social y económica en el que nos encontramos.

Por todo ello y mucho más, pues no he querido ser exhaustivo, no sólo no soy liberal sino que soy profundamente antiliberal. Sólo me quedaría, a la gente que se dice de derechas y que se proclama liberal (vuelvo a repetir, creo que sin saber muy bien lo que dice o porqué lo dice) recordarles que, como muestra el filósofo Gustavo Bueno, el liberalismo fue la primera izquierda.