jueves, 21 de mayo de 2009

EL MAL DEL MAL MENOR

Ya están aquí, como aquél que dice, unas nuevas elecciones, esta vez europeas. Y como en todas ellas, volvemos a oir solemnes llamamientos a eso que tanto les gusta a algunos, el mal menor, contradictio in terminis pues todo mal es un mal en sí mismo. Como todos sabemos (o deberíamos saber) el mal no tiene grados.

Es inmoral apelar al mal menor porque impide el voto libre convirtiéndolo en voto cautivo. Un voto que, además, acaba en muchísimas ocasiones siendo despreciado. Los que así lo hacen se basan en obligar al votante a que elija entre dos partidos buscando una mayoría absoluta (mayoría casi imposible hoy en día), despreciando las demás opciones minoritarias y considerando su voto como un desperdicio. Continúan sosteniendo que, aunque el programa del partido malminorista no sea del todo compatible con las convicciones e ideas del votante, al menos se le asemeja, siendo lo realmente importante cerrar el paso al adversario político. El desengaño viene cuando los sufridos votantes se dan cuenta de que su voto, no sólo no ha servido para defender sus ideas, si no que se han hecho y se hacen políticas contrarias a la defensa de la vida, la familia, la unidad nacional, etc. etc. en caso de ser católicos y orgullosos de ser españoles.

Hacer propuestas y políticas malas a sabiendas de que son malas para con ello evitar políticas peores es, además de inmoral, ineficaz. ¿Porqué creemos que la doctrina del mal menor es mala? Porque:

-La doctrina católica es clara al respecto cuando afirma que la conciencia ordena “practicar el bien y evitar el mal” (Catecismo 1706 y 1777), que no se puede “hacer el mal” si se busca la salvación (Cat. 998) y que “nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien”. (Cat.1789)

-Porque el mal menor convierte en cotidiana una situación excepcional.

-Porque una situación de mal menor prolongada hace que el mal menor cada vez sea mayor mal.

-Porque un mal siempre es un mal y “es erróneo juzgar la moralidad de los actos considerando sólo la intención o las circunstancias” (Cat. 1756).

Y además no consigue reducir el mal mayor (si es que eso existiera) porque:

-Las energías que debían gastarse en proponer bienes plenos se gastan en proponer males menores.

-Porque es una opción de retirada, pesimista, en la que el político esconde sus talentos por temor, o por falsa precaución. Porque la táctica del mal menor predica la resignación; y no precisamente la resignación cristiana, sino la sumisión y la tolerancia al tirano, a la injusticia y al atropello. Con tácticas malminoristas nunca se habría decidido el alzamiento español de 1936, ni habría caído el muro de Berlín. No habría habido Guerra de la Independencia Española, ni insurgencia católica en la Vendée, ni Carlistas en España, ni Cristeros en México. Y tal vez ninguna oposición habría encontrado el avance islámico por Europa. No habrían existido ni Lepanto, ni Cruzadas, ni Reconquista...

-Porque hay ejemplos sobrados en los que el triunfo del malminorismo ha dado el poder a partidos que reclamando el voto católico han amparado, y eso ha pasado en media Europa, una legislación anticristiana (, aborto, eutanasia, uniones homosexuales, etc.)

Es por tanto una postura vergonzante, de retroceso, defensiva y que denota un gran complejo de inferioridad. No es consiguientemente asumible por un católico español teniendo en cuenta además que existen opciones que reúnen los requisitos mínimos para ser votables.

No quiero acabar este artículo sin citar a un gran político español, D. Víctor Pradera, tradicionalista, asesinado en 1936:

«Elevar a normal las excepciones, que la prudencia circunstancial puede aconsejar, es subvertir los fundamentos de la moral. El mal menor no es apetecido por la voluntad, porque ningún mal puede serlo. El mal menor, como todos los males, se soporta. Sólo por aberración puede ser proclamado como fin de una política, como algo que ha de ser querido y alcanzado. El bien posible quedaría reducido a aquél que la buena voluntad del enemigo nos permitiera alcanzar. Tal doctrina se redujo a esto: siendo los católicos incapaces de alcanzar el bien por sus esfuerzos, finalidad de ellos ha de ser un mal menos grave, o el bien, en su caso, que el enemigo quiera tolerarles. Una política inspirada en tal subversión de valores no podía dar otros resultados que los que nos punzan en nuestra carne y en nuestro espíritu".

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